Entrevista aparecida en La Huelga. Boletín de Informaciones Obreras Nº 8. Verano 2026.
En la que se centró en la problemática de la Siniestralidad Laboral.
¿Cómo surge la iniciativa «accidente laboral, terrorismo patronal»? ¿Cuánto tiempo lleváis con ella?
La iniciativa surgió a partir de que la Federación Local de Madrid de la CNT-AIT pusiese en marcha la campaña «EL TRABAJO MATA Y LAS MUTUAS REMATAN». Desde el SOV de Albacete de la CNT-AIT se valoró la necesidad de hacerlo de una forma continuada, sin caer en el habitual corporativismo sindical, que fuera un espacio de neutralidad que permitiera la interacción donde denunciar la situación por la que pasa la clase trabajadora; darle la visibilidad necesaria para que la sociedad sea consciente de lo que tenemos que vivir día a día como personas trabajadoras y como consecuencia de nuestra necesidad, la patronal no tiene ningún impedimento de anteponer beneficios económicos a nuestras vidas, con explotación, precariedad y abandono por su parte.
En este orden capitalista el sistema de Mutualidades de accidentes es un colaborador necesario, ya que su objetivo es acelerar las altas o limitar los diagnósticos en las enfermedades laborales ¿Pero, qué se puede esperar de quien es mantenido por esta patronal? Podemos ver como dichas mutuas buscan un mayor control sobre los procesos de bajas y altas para según ellos «agilizarlos». Por todo esto en 2017 se decidió crear la página de «ACCIDENTE LABORAL = TERRORISMO PATRONAL», intentando buscar todos aquellos casos que salen en la prensa convencional.
¿Qué pretendéis conseguir con este seguimiento exhaustivo de los accidentes laborales?
Lo que queremos conseguir es darle una visibilidad que llegue a la conciencia precisamente por la terrible cotidianidad que supone, buscando y publicando diariamente todas las noticias referentes a accidentes laborales, lo que a veces nos es bastante complicado, porque la prensa suele dividir dichos accidentes. Por ejemplo, los accidentes in itinere los recoge como accidentes de tráfico, pero son accidentes cuando vamos o volvemos de nuestro puesto de trabajo, que con la inestabilidad laboral, cada vez es o más lejano o más precario en cuanto a las franjas horarias. Esto suele pasar bastante y tenemos que ver, por ejemplo, si en los
accidentes publicados están involucrados camiones o furgonetas de reparto. Tampoco se reflejan todos aquellos casos que el trabajador no estaba dado de alta en la empresa, que como siempre, suele ser demasiado habitual, especialmente en el trabajo agrario o de hostelería.
También en ocasiones la prensa a nivel nacional no lo recoge, a no ser que haya un gran número de víctimas, lo que nos hace el tener que buscar por comunidades y provincias.
Hemos de señalar que, gracias a la participación de seguidores, nos suelen llegar denuncias y casos que la prensa no recoge, especialmente sangrantes cuando hablamos de las malas praxis de las Mutuas o en resoluciones judiciales que dejan a las personas trabajadoras indefensas.
¿Cuál pensáis que es la causa principal de este reguero de sangre, de cientos de muertos al año y miles de heridos y mutilados?
La imposición de la productividad capitalista que pasa por encima de cualquier cosa, aunque sea la propia vida. Es tal la importancia de mantener la productividad que, a pesar de tener legislación que en teoría protege a lxs trabajadorxs, la realidad es que las empresas presionan di-recta o indirectamente siempre para hacer más en menos tiempo e incumpliéndose los protocolos de seguridad, descansos, comprobaciones, análisis de riesgos concretos, formación, etc.
Cuando ocurre un accidente laboral se suelen valorar de tres formas, los actos inseguros (factor humano), las condiciones inseguras (factores técnicos y ambientales) y accidentes «In itinere» (en desplazamiento) y en gran medida todas tienen que ver con hacer más tareas en menos tiempo.
En el primer caso la «responsabilidad» recae en el trabajador o trabajadora, bien por incumplimiento de normas o protocolos, por uso inadecuado de equipos de protección o maquinarias, exceso de confianza o negligencia, por realizar trabajos sin la formación necesaria, etc. En gran medida las empresas intentan hacer pasar por esa forma la mayoría de accidentes… En el segundo caso son aquellos fallos o peligros presentes en el entorno físico que no son controlados, pero raramente se señala al empresario. En el tercer caso se achaca a las condiciones inherentes al tráfico. Pero tenemos bastante claro, como explicamos en la primera pregunta, que vivimos en un sistema capitalista donde prima el beneficio, les da igual las vidas que se lleven por delante, siempre y cuando se cumpla con la producción. Trabajamos en demasiadas ocasiones de manera precaria, con una explotación demasiado asumida por nuestra parte y por parte de la patronal, con una individualidad personal, especialmente en el mundo del trabajo, que hace que no estemos organizadas. Nos llegan casos de como en muchas ocasiones no se reciben los EPIs (Equipos de Protección Individual) necesarios, esto suele pasar en todos los sectores, pero especialmente en el mundo agrario, hostelería, construcción y planes de empleabilidad de corta duración, incluso de las propias administraciones. Las Mutuas en muchas ocasiones son parte y conocedores de este problema, se hace formación de riesgos laborales que con el tiempo se quedan obsoletas, los contratos no se corresponden con las funciones, inspección de trabajo no tiene las herramientas necesarias para cubrir todos los territorios y empresas…. Pero sobre todo es «la prisa» por tener que cumplir con los «objetivos», sí o sí, «u otro con más necesidad lo hará».
Lleváis un seguimiento diario de los accidentes laborales. En este tiempo, ¿Habéis notado alguna mejora, algún cambio?
No, de hecho, pensamos que la clase trabajadora no es consciente de ello, vivimos en un «aparente progreso de seguridad laboral» pero los datos de los últimos años son que la siniestralidad laboral en 2023 se contabilizó en más de 450.000 personas accidentadas, de las cuales 721 murieron en su puesto de trabajo. Y ante todo esto la prensa lo vende como un triunfo ya que son 100 personas fallecidas menos que el 2022. En 2024 fue de 1.200.102 accidentes con baja médica, disminuyendo un 1.43 %. Pero los accidentes mortales ascendieron a 830 personas fallecidas. En 2025 fueron alrededor de 620.000 accidentes con baja médica, de las cuales 735 personas perdieron la vida. El pasado 13 de mayo, según los datos provisionales del Ministerio de Trabajo y Economía Social publicados, en el primer trimestre de 2026, es decir de enero a marzo, se han contabilizado 170 víctimas mortales, ocho más que en el mismo periodo del año anterior, lo que implica un ascenso del 11.5 %. Esto demuestra que además de que no es real esa seguridad, es un intolerable y grave problema social.
Viendo las estadísticas de índices de incidencias por sector y gravedad, sin duda alguna donde más accidentes laborales hay es en la construcción, seguido de la industria y el sector agrario, por ese orden.
Esta información se puede/debe consultar en páginas como https://www.insst.es donde se recogen los informes anuales de accidentes de trabajo.
Acabáis vuestras entradas con «El trabajo mata y las mutuas rematan» ¿Por qué? ¿Cuál es el papel de las mutuas en la siniestralidad laboral? ¿Tiene la seguridad social y sus médicos un papel similar o complementario?
Lo primero que hay que entender es que las Mutualidades Laborales son organizaciones patronales, no son objetivas y buscan una recuperación acelerada del accidentado, generando recaídas o recuperaciones deficientes que generan secuelas, de ahí lo del «rematan». Su papel fundamental es el de minimizar los costes patronales, ya sea a través de recuperaciones tempranas u obstaculizando las declaraciones de enfermedad
laboral, fruto de la propia actividad laboral.
Un ejemplo de esto se puede observar al comparar los datos de Francia de enfermedades laborales, donde el seguimiento de la salud laboral es publica, por cada 100.000 trabajadores se declaran 400 enfermedades laborales, aquí 140. Y no es precisamente porque tengamos un sistema de prevención mejor, al contrario, es por el control y manejo de las Mutuas de la salud laboral. Y añadimos que, para que se reconozcan los casos aquí hay que pleitear normalmente. Pero no solo dificultan la vida a la clase trabajadora de forma directa, indirectamente las Mutuas han sido y son muy útiles para facilitar el desmantelamiento y privatización de la Sanidad Pública, y es que, aunque son entidades sin ánimo de lucro, su existencia ha permitido mantener la facturación de aseguradoras y clínicas privadas, que ha crecido lo suficiente para presionar, políticamente, hacia la privatización, han facilitado la doble función médica (trabajar en la pública y en la privada) y generan unos sobrecostes enormes a la sanidad pública al endosarles enfermedades que son laborales, o recaídas y secuelas por recuperaciones aceleradas. Son organizaciones parasitarias en todos los sentidos y todo señala a que el Estado les quiere dar más poder, con el control de las bajas por contingencias comunes, algo en lo que, parece, están colaborando los sindicatos de Estado y sus mesas de dialogo…
¿Qué creéis que pude hacer la clase obrera, los trabajadores, contra los accidentes laborales?
La clase trabajadora tiene que tener claro que el poder está en sus manos, porque si nosotros paramos, se para todo. Debemos organizarnos hasta llegar al control obrero de la producción, que sean los obreros quienes decidan como se trabaja, cuanto se trabaja y cuando se para, esto implicaría mucho más que lo que se circunscribe a los riesgos laborales, esto cambiaría las reglas del juego. Pero para llegar a ello hay que romper con las inercias que nos han llevado hasta aquí. Debemos comenzar desde la conflictividad y la movilización organizada y permanente, en los centros de trabajo y fuera de ellos, sin delegar en quien se encierra en despachos para negociar nuestra salud y nuestra vida. Tenemos que ser conscientes de que no podemos ir a «ganarnos la vida» y perderla en el puesto de trabajo, que cada vez que ocurre un caso, la empresa debe tener el peso de esa muerte o accidente laboral de una forma real. No podemos seguir asumiendo enfermedades, mutilaciones y muertes, nos basta con indemnizaciones que de poco le sirven a quien lo sufre y perpetua que siga ocurriendo. Hablamos de una media de 600 personas fallecidas en los últimos años. Sin tener en cuenta en muchos casos aquellas personas que no están dadas de alta en la seguridad social, que las mutuas no reconocen sus enfermedades, achacándolas por ejemplo a la edad y no al esfuerzo del trabajo o a la presión por conseguir los objetivos.
Seguimos luchando por ese control obrero de la producción, pero por desgracia creemos estar a años luz de recuperarla. Cada vez las personas obreras estamos más desclasadas y menos organizadas. De esto mucha responsabilidad la tienen los sindicatos mayoritarios y sectarios, dividiendo más a la clase trabajadora, haciendo «clases, dentro de la propia clase», fomentando un individualismo atroz y que todo termine en «y que hay de lo mío», sin apoyo mutuo, ni solidaridad. A esto debemos sumar el que nos creamos que vivimos en un estado de bienestar trabajando jornadas maratonianas, para poder tener las necesidades básicas cubiertas, en muchas ocasiones ni se cubren, por ejemplo, la vivienda. En otras ocasiones para poder consumir sin control cosas innecesarias. Estamos sumidos en un letargo aterrador y, como decimos, asumiendo situaciones surrealistas. Por ejemplo, una de las publicaciones que vimos sangrante (referente a la pregunta, ya que todas lo son) fue una noticia del 13 de junio del 2023, la empresa de Grupo Konecta BTO. Según sus trabajadores, la empresa obligó a sus teleoperadores a seguir trabajando cuando una compañera murió al sufrir un infarto, estando más de 2 horas con el cadáver presente. Los 2 sindicatos «representantes» de las y los trabajadores UGT Y CGT (en este caso), en una nota de prensa, denunciaron los hechos por no mandarlos a trabajar a casa y obligarles a seguir trabajando allí, solución, «crear un protocolo
de actuación»…
Ni una muerte más en el tajo.